| 
Historia
de una Hacienda bicentenaria
Zuheros llega por primera vez José Fernández-Guerra
por encargo del Conde de Luque, que era Señor de Zuheros,
para administrar sus fincas. La satisfacción que el conde
tenía por el trabajo que realizaba, hizo que se dirigiera
a su notario y a sus administradores para que de un pedazo de
su hacienda se apartasen unas fincas de olivar en el término
de Zuheros para que de ellas escogiera José las que fueran
de su gusto, con el fin de obsequiárselas. José
no consiente el regalo y establecen una compra-venta de ellas
a censo.
Los
primeros datos constatados sobre la Hacienda Minerva datan del
26 de febrero de 1826, día en que José Fernández-Guerra
compra la casería al Conde de Luque y sus setenta y siete
fanegas de tierra que contienen 4.032 olivos. Es el momento en
la que esta ilustre familia granadina establece su residencia
en Zuheros. Del momento preciso en el que nace este impresionante
molino de aceite, se desconoce su fecha que casi con toda seguridad
se hunde en las misma raices. Tengamos en cuenta que fenicios
y romanos ya explotaban intensivamente el olivar de la Bética.
Aureliano
Fernández-Guerra y Orbe fue el primogénito de una
familia acomodada y erudita oriunda de Granada. Su padre, José
Fernández-Guerra abogado, catedrático de Lógica,
Metafísica, Retórica, Bellas Artes, Historia, Numismática
y Antigüedades en la Universidad de Granada poseyó
una colección de antigüedades -en buena parte constituida
por objetos prehistóricos- y una biblioteca con dieciocho
mil volúmenes. Desde muy temprano José inculcaría
a sus hijos, Aureliano y Luis, el interés por la Literatura,
la Historia y las antigüedades.
Aureliano Fernández-Guerra pasó su infancia en Granada,
y esporádicamente en el pueblo de su familia, Zuheros (Córdoba),
hasta que marchó a Madrid en 1825, en donde estudió
sus primeros años en el colegio de corte afrancesado dirigido
por José Garriga, ex alcalde de la Villa, y en el que tuvo
algunos compañeros que serían en el futuro personajes
decisivos en la política y la cultura de la España
de la segunda mitad de siglo. En 1828 volvió a Granada
y de 1831 a 1832 cursó estudios universitarios de Filosofía
en el Seminario del Sacromonte, los cuales proseguiría
en la Universidad Literaria de Granada alternándolos con
los de Leyes. En 1838, siendo todavía estudiante, le fue
encomendada la cátedra de Literatura e Historia, puesto
que desempeñó hasta 1839. Durante la década
de los treinta, época de sus años jóvenes
y universitarios en la que concurría a las tertulias y
círculos literarios de Granada llegó a ser un conocido
autor dramático, con varias obras en cartel.
Aureliano mantiene a lo largo de su vida muchos y buenos amigos
de Zuheros. Mantiene gran amistad con el escritor Juan Valera.
Escritor de muchos libros y obras teatrales, es especialmente
valioso el trabajo de recopilación y publicación
de toda la obra de Quevedo conocida hasta la fecha. Profundamente
enamorado del paisaje de Zuheros, como deja patente el texto siguiente
escrito por él. La Hacienda Minerva fue siempre propiedad
de sus herederos, hasta 2004 en que empezamos a rescatarla del
abandono y el olvido mediante una cuidada y laboriosa restauración,
para que cuando nos visite, sienta en su ambiente la cultura que
siempre ha ha rodeado.
Descripción
de Zuheros por Aureliano Fernández-Guerra
"Doblamos
por último, la sierra de Luque y en el comedio de una escarpada
cordillera pudimos distinguir a Zuheros oculto entre lajas y precipicios:
a Zuheros, villa de la provincia de Córdoba, que dista
nueve leguas de la capital, y que se encuentrasituada entre Luque
y Doña Mencía, casi en la terminación de
las Sierras de Priego.
¿Cuál
será el aspecto de un castillo caprichoso y fantástico,
sobre cien peñascos asentados, cuya alfombra es de cenicientos
pedregales entretejidos con yedras y acebuches, y cuya corona
son rocas informes que pretenden escalar lo más alto? A
su pie se agrupan cuatrocientas casitas, sosegado asilo de un
pueblo de tres mil almas, laborioso y dócil. Y si los campos
no tienen allí la pompa y gala que los de Priego, ni los
grandes celajes que los de Cabra, infunden sin embargo un espíritu
de veneración y absorven muchas veces el pensamiento. ¿Es
más pintoresca, por ventura, una campiña dilatadacubierta
de secas espigas, que un paisaje variado y lleno de poesía?
Yo había escuchado, en el invierno, el bramido de las despeñadas
aguas del Charco-Hondo, y contemplado entre las nieblas la cumbre
de esta eminencia de 166 varas, y había visto arrancar
de ella, en una noche de estío, el camino del cielo. desde
esta misma cumbre había admirado el espectáculo
sublime que ofrece el sol hundiéndose en el ocaso, cuando
los fatigados labradores tornaban al seno de sus familias entre
el pelotón confuso de infinitas y pintadas reses (...)."
Fragmento del libro: "Aureliano Fernández-Guerra y
Orbe(1816-1894)" de Javier Miranda Valdés
Leer
más del libro
|